Editorial – Full Dentistry in Science – Edición 43

Abriendo su joyero

Carlos era un profesional muy competente, un hijo cariñoso, un marido dedicado y un padre muy cariñoso. Un hombre de sonrisa fácil, contagiaría a cualquiera que se permitiera escuchar 1 minuto de su voz aterciopelada y llena de palabras optimistas. Estar a su lado fue muy estimulante y motivador.

A partir de un momento, Carlos se volvió un poco bajo, desanimado, con una sonrisa medio amarilla y a veces le faltaban las habituales palabras de motivación. Ya no era la misma persona contagiosa y llena de vida que antes.

En una hermosa y soleada tarde de sábado, sentado con su inseparable amigo Paulo en un café, como siempre hacían algunas veces al mes para probar un sabroso capuchino y hablar de la vida y sus planes, Paulo se volvió hacia él y le preguntó: “Amigo mío, te he encontrado un poco desanimado últimamente. ¿Qué sientes?”

Carlos dio un buen mordisco al pastel, lo masticó con calma dejando que ese sabor se apoderara de sus sentimientos, tomó un largo sorbo en el café caliente, y después de unos segundos, que parecieron una eternidad para Paulo, como un gran camión de basura, descargó todas sus angustias.

Problemas en el trabajo, problemas en el matrimonio, problemas financieros, problemas de salud, problemas, problemas. Sólo problemas, parecía que todo, exactamente todo, salió mal en su vida.

Después de un instante de silencio, Paulo sacó de su cartera un billete de 50 reales y le preguntó a Carlos: “¿Aceptas este billete?”

Carlos respondió: “Claro que acepto, son 50 reales, ¿quién no aceptaría, por cierto, poder pagar nuestro café?”

Paul, con la nota aún en su mano, la amasó de manera que todo estaba escondido en su mano. Cuando abrió el billete estaba todo arrugado, y luego volvió a preguntar: “¿Aún acepta este billete?

Carlos respondió: “Claro que sigo aceptando, son los mismos 50 reales.

Paulo, aún no satisfecho, tomó un bolígrafo e hizo un pequeño dibujo y luego lo tiró al suelo y pisó la nota y preguntó de nuevo: “¿Aceptas esta nota, Carlos?

Carlos, un poco alterado e impaciente, era corto y grueso: “Ya he dicho que acepto, después de todo, donde quieras ir con todo este teatro, por mucho que frotes, pisotees, ames, rasques esta nota, siempre tendrá el mismo valor de 50 reales, nada de esto ha alterado su valor?

Paul respondió muy serenamente: “Eso es genial, es todo lo que quería oír de ti. Amigo mío, no dejes que tus problemas disminuyan tu luz, enfríen tu vida y disminuyan tu verdadero valor. A pesar de todos tus problemas, siempre serás el cariñoso, cariñoso, dedicado, motivador Carlos, etc., que todos nosotros nos gusta estar cerca”.

Carlos levantó la cabeza y como en un abrir y cerrar de ojos su postura cambió, su voz cambió y sus palabras comenzaron a ser las mismas que antes, después de todo, las características internas positivas estaban siempre dentro de él todo el tiempo.

Aquí quiero dejar esta reflexión a todos nosotros. Cuántos cumplidos recibimos a lo largo del día, y sólo hace falta una crítica y nos lo llevamos a la tumba.

Si en este momento estás triste y desanimado por algo que te ha pasado, debes saber que la vida está hecha por ti, por tus actitudes. Por muy malos que sean los sentimientos generados por esta crítica, su calidad sigue estando dentro de ti y hay mucha gente ahí fuera que te necesita y mucho de ti.

No te conozco, pero estoy seguro de que te has sentido competente, capaz, fuerte, seguro, cariñoso y valiente en tu vida. Todo está todavía dentro de ti y sólo hay un pensamiento.

Si has llegado hasta aquí, detén todo, ponte delante de un espejo y mírate delante de ti repite cada una de esas cualidades que están ahí dentro de ti, listas para ser usadas.

Eres la joya más rara de tu joyería.

Quédate con Dios, uno enorme en tu corazón y #vidasquesigues

Hugo Nagem
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